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 Terremoto en Colombia: cómo cuidar tu salud mental después de vivir una catástrofe

Eventos que dejan una huella

El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia, con epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó. Ciudades como Cali, Pereira, Manizales y Quibdó amanecieron con edificios colapsados, cientos de personas fallecidas y miles de heridos. Las autoridades declararon el desastre nacional y aún continúan las labores de rescate.

Más allá de los daños materiales, este tipo de eventos deja una huella que muchas veces se subestima: el impacto psicológico. No hace falta haber estado en la zona del epicentro para sentir miedo, angustia o desconexión ante una noticia así. Si te identificas con eso, sigue leyendo: en este artículo te explicamos qué le pasa a la mente después de una catástrofe y qué puedes hacer al respecto.

¿Qué le ocurre a nuestra mente después de un desastre natural?

Cuando ocurre un evento como un terremoto, el cerebro entra en un estado de alerta que tiene una función biológica clara: protegernos. El problema es que esa alerta no siempre se apaga cuando el peligro inmediato termina.

Es común experimentar:

– Miedo persistente y sobresalto, incluso ante ruidos o movimientos leves.

– Ansiedad anticipatoria por posibles réplicas.

– Insomnio o pesadillas.

– Sensación de irrealidad, como si “el piso siguiera moviéndose”.

– Tristeza, rabia o culpa, especialmente si se perdió a alguien o algo importante.

– Dificultad para concentrarse en tareas cotidianas.

Estas reacciones son respuestas normales ante una situación anormal. La mayoría de las personas las va superando de forma progresiva en los días o semanas siguientes, a medida que recupera rutinas, información confiable y contacto con su red de apoyo.

También existe lo que algunos psicólogos llaman trauma vicario o trauma por exposición mediática: el malestar que sienten personas que no vivieron el terremoto en primera persona, pero que han visto videos, imágenes o testimonios de forma repetida en redes sociales y noticias. El cerebro, en cierta medida, no distingue del todo entre lo vivido y lo observado intensamente.

¿Cuándo el malestar deja de ser “normal”?

Conviene prestar atención y buscar ayuda profesional cuando aparecen señales como:

– Recuerdos intrusivos o flashbacks del evento.

– Crisis de pánico frecuentes.

– Aislamiento marcado o evitación extrema de ciertos lugares o situaciones.

– Tristeza intensa que no cede con el paso de los días.

– Sensación de estar reviviendo el evento una y otra vez.

Si el malestar interfiere con tu capacidad de dormir, trabajar o relacionarte con otras personas durante varias semanas, es momento de acompañarte de un profesional de la salud mental. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, es una forma de cuidado.

Herramientas prácticas para regular el miedo y la ansiedad

 

  1. Limita la exposición a noticias e imágenes.

Estar informado es importante, pero el consumo constante de contenido sobre la tragedia mantiene al sistema nervioso en alerta. Define momentos específicos del día para informarte, en vez de hacerlo de forma continua.

 

  1. Práctica anclaje al presente (grounding).

Cuando sientas ansiedad, nombra 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas oír, 2 que puedas oler y 1 que puedas saborear. Esta técnica ayuda a que el cuerpo reconozca que, en este momento, está a salvo.

 

  1. Respira de forma consciente.

Inhala contando hasta 4, sostén 4 segundos y exhala contando hasta 6. Repetirlo varias veces ayuda a desactivar la respuesta de alerta del sistema nervioso.

 

  1. Mantén o recupera rutinas.

Comer, dormir y moverse a horas más o menos regulares le da al cerebro una sensación de previsibilidad, que es justo lo que el evento traumático quitó.

 

  1. Conecta con otras personas.

Hablar con alguien de confianza sobre cómo te sientes, sin obligarte a “contarlo todo”, ayuda a procesar la experiencia. El aislamiento tiende a intensificar el malestar.

 

  1. Si estás lejos pero te afecta, permitetelo.

No necesitas justificar tu preocupación por no haber estado en la zona. Sentir empatía y angustia por lo que otros viven también es válido, y merece cuidado.

Conclusión

Un terremoto no solo mueve la tierra: también remueve la sensación de seguridad y control que damos por sentada en el día a día. Sentir miedo, tristeza o ansiedad después de una noticia así es una respuesta humana y esperable, no un signo de fragilidad. Cuidar la salud mental en estos momentos —tanto la propia como la de quienes nos rodean— es tan importante como atender los daños materiales. Si el malestar persiste o se intensifica, no dudes en buscar apoyo profesional.

Referencias:

– Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) — Guía práctica de salud mental en situaciones de desastres: https://www.paho.org/es/documentos/guia-practica-salud-mental-situaciones-desastres

– OPS/OMS — Guía Técnica de Salud Mental en Situaciones de Desastres y Emergencias: https://www.paho.org/sites/default/files/GUIA-TECNICA-DE-SM-en-situaciones-de-desastre.pdf

– El Colombiano — Recomendaciones para cuidar la salud mental después de un sismo: https://www.elcolombiano.com/inicio/que-hacer-despues-terremoto-replicas-EL39764462

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