Paola Buenrostro: una historia que no debería haber necesitado diez años para ser escuchada
Hay historias que regresan a la conversación pública porque algo cambió. Y hay otras que regresan porque, después de años, la justicia finalmente vuelve a tocar una puerta que nunca debió haber permanecido cerrada.
El caso de Paola Buenrostro pertenece a esta segunda categoría.
Paola era una mujer trans de 24 años, originaria de Chiapas, que trabajaba como trabajadora sexual en Ciudad de México. Quienes la conocieron la describieron como una mujer sensible, sincera y generosa. También era amiga y compañera de trabajo de Kenya Cuevas, quien posteriormente se convertiría en una de las principales defensoras de los derechos de las mujeres trans en México. (CDHCM)
En septiembre de 2016, Paola fue asesinada. Su muerte no solamente significó la pérdida de una vida: también puso en evidencia una serie de fallas institucionales que durante años acompañaron el caso.
En 2019, la entonces Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió la Recomendación 02/2019 y reconoció el caso como transfeminicidio, señalando la falta de debida diligencia y de perspectiva de género y enfoque diferenciado en la investigación. (CDHCM)
Casi diez años después, en agosto de 2026, fue detenido Arturo “N”, señalado como presunto responsable del asesinato. Sin embargo, la discusión no terminó con la detención: uno de los principales reclamos actuales es que el caso sea investigado y juzgado reconociendo la dimensión de violencia transfeminicida que lo atraviesa. (El País)
Y quizá ahí está una de las preguntas más importantes que deja esta historia:
¿Qué sucede cuando una persona es asesinada y, después de su muerte, las instituciones tampoco reconocen plenamente quién era ni la violencia que sufrió?
¿Quién era Paola Buenrostro?
Hablar de Paola únicamente como una víctima sería volver a reducir su historia.
Paola era una mujer joven con deseos, relaciones, amistades y proyectos. La Comisión de Derechos Humanos documentó que quería dejar el trabajo sexual y que tenía planes personales para su vida. Kenya Cuevas era su amiga y compañera; ambas se consideraban familia. (CDHCM)
Este punto es importante porque cuando hablamos de violencia contra mujeres trans, existe el riesgo de que sus historias comiencen y terminen con la violencia que experimentaron.
Pero una persona no es únicamente el crimen que sufrió.
Nombrar a Paola, recordar quién era y reconocer su identidad también forma parte de una reparación simbólica.
El asesinato y una investigación marcada por fallas
La noche del asesinato, Paola se encontraba trabajando cuando subió a un vehículo. De acuerdo con los reportes sobre el caso, después de pedir ayuda a sus compañeras se escucharon disparos. El hombre que se encontraba con ella fue detenido inicialmente, pero posteriormente quedó en libertad. Durante los años siguientes permaneció prófugo. (N+)
Pero el problema no fue únicamente que el presunto responsable permaneciera libre durante años.
La investigación también estuvo atravesada por violencia institucional.
La Comisión de Derechos Humanos documentó que durante las primeras diligencias y posteriormente se vulneró el derecho a la identidad de género de Paola y de Kenya, además de señalar deficiencias en la investigación y falta de perspectiva de género y enfoque diferenciado. (CDHCM)
Es decir, la violencia no terminó con el asesinato.
Para Kenya, además del duelo por la pérdida de una persona cercana, existió una segunda experiencia de violencia: tener que enfrentarse a instituciones que no reconocían adecuadamente lo ocurrido ni la trataban como correspondía.
A esto se le conoce como victimización secundaria: cuando una persona que ya ha sufrido un delito vuelve a experimentar daño debido a la respuesta —o falta de respuesta— de las instituciones.
¿Qué es la violencia transfeminicida?
El transfeminicidio puede entenderse como una expresión extrema de violencia dirigida contra mujeres trans por razones relacionadas con su identidad o expresión de género.
No se trata solamente de cambiar una palabra por otra.
Nombrar una violencia permite hacer visibles sus patrones y las condiciones sociales que la producen.
En el caso de Paola, la Comisión de Derechos Humanos señaló que su identidad de género y el contexto de discriminación en el que vivía fueron elementos relevantes para comprender las fallas en el acceso a la justicia. También identificó el trabajo sexual como un factor adicional de vulnerabilidad dentro de un contexto de falta de condiciones adecuadas de seguridad. (CDHCM)
Esto es lo que aporta una perspectiva de género: dejar de analizar un hecho como si hubiera ocurrido de manera aislada y preguntarnos qué condiciones sociales, culturales e institucionales permitieron que ocurriera y que posteriormente quedará impune.
Cuando el duelo también tiene que enfrentarse a la injusticia
Desde la psicología sabemos que el duelo no es un proceso lineal.
Pero perder a una persona en circunstancias violentas puede añadir dimensiones particularmente complejas: miedo, enojo, culpa, impotencia, tristeza, pensamientos intrusivos y una necesidad persistente de encontrar respuestas.
Cuando además existe impunidad, el proceso puede complicarse todavía más.
No existe solamente la pregunta:
“¿Cómo voy a vivir sin esta persona?”
Puede aparecer también:
“¿Por qué nadie hizo justicia?”
“¿Por qué no le creyeron?”
“¿Por qué tuvieron que pasar tantos años?”
“¿Por qué todavía tengo que explicar lo que ocurrió?”
La reparación, por eso, no consiste únicamente en una compensación económica.
La propia Recomendación 02/2019 contempló conceptos como daño material, daño inmaterial, proyecto de vida, rehabilitación, restitución y satisfacción para la reparación integral de Kenya. (CDHCM)
Esto nos recuerda algo fundamental: el impacto psicológico de la violencia puede extenderse mucho más allá del momento del crimen y afectar también a quienes sobreviven.
Kenya Cuevas y la transformación del dolor en exigencia de justicia
Una de las personas que ha mantenido vivo el caso de Paola es Kenya Cuevas.
Kenya no solamente perdió a una amiga. También tuvo que enfrentar las consecuencias de haber presenciado los hechos y posteriormente enfrentarse a un sistema que, según documentó la Comisión, vulneró sus derechos y la convirtió en víctima de victimización secundaria. (CDHCM)
Con el paso de los años, su lucha se convirtió en una exigencia mucho más amplia: que las mujeres trans puedan acceder a la justicia, vivir libres de violencia y ser reconocidas plenamente por las instituciones.
Por eso, hablar del caso Paola también significa hablar de cómo una experiencia traumática puede convertirse en una lucha colectiva por transformar aquello que la hizo posible.
Eso no significa romantizar el dolor ni decir que el sufrimiento “sirve para algo”.
Significa reconocer que las personas sobrevivientes pueden encontrar distintas maneras de reconstruir su vida y darle sentido a lo ocurrido.
La Ley Paola Buenrostro
La historia de Paola también tuvo consecuencias legislativas.
En julio de 2024, el Congreso de la Ciudad de México aprobó reformas para incorporar el transfeminicidio al Código Penal local. Posteriormente, la reforma fue publicada y el delito quedó incorporado formalmente a la legislación capitalina. (Congreso CDMX)
Actualmente, el artículo 148 Ter del Código Penal para el Distrito Federal establece el delito de transfeminicidio y contempla que se comete cuando, por razón de identidad o expresión de género, se priva de la vida a una mujer trans o a una persona cuya identidad o expresión de género se encuentre dentro del espectro femenino. (FGJCDMX)
La llamada Ley Paola Buenrostro representa, por tanto, una transformación importante: aquello que durante años tuvo que ser explicado desde los derechos humanos y la perspectiva de género ahora cuenta con una figura penal específica en la Ciudad de México.
Pero una reforma legal, por sí misma, no elimina la violencia.
Las leyes necesitan acompañarse de investigaciones adecuadas, capacitación institucional, prevención, acceso a la justicia y condiciones que permitan que las personas trans puedan vivir sin discriminación.

Diez años después: una detención y una pregunta que permanece
En agosto de 2026, casi una década después del asesinato, Arturo “N” fue detenido en el Estado de México y quedó a disposición de las autoridades. La detención representa un avance en el proceso, pero no equivale todavía a una sentencia condenatoria. El principio de presunción de inocencia continúa vigente mientras el proceso judicial sigue su curso. (El País)
Y aquí aparece una discusión especialmente importante.
La detención ocurre en un momento en el que el transfeminicidio ya está reconocido como delito en la Ciudad de México, pero el caso de Paola se originó en 2016, antes de esa reforma.
Por eso, colectivos y activistas han cuestionado la forma en que debe ser abordado jurídicamente el caso y han exigido que no se pierda la perspectiva de género que organismos de derechos humanos ya habían identificado.
Mientras tanto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación también aplazó en septiembre de 2026 la discusión de un asunto relacionado con la reparación del daño a una víctima indirecta del caso. (El Porvenir)
Así que, aunque la detención constituye un acontecimiento relevante, la historia jurídica de Paola todavía no termina.
¿Por qué importa hablar de Paola hoy?
Porque la violencia transfeminicida no comienza cuando ocurre un asesinato.
Puede comenzar mucho antes: con la discriminación, el rechazo familiar, la exclusión laboral, la precarización, la violencia cotidiana, la falta de acceso a servicios y la normalización de agresiones contra las personas trans.
Y puede continuar después de la muerte mediante la impunidad, la revictimización y el borrado de la identidad de la persona.
Por eso, hablar de Paola no debería reducirse a preguntar:
“¿Qué le pasó?”
También deberíamos preguntarnos:
¿Qué condiciones hicieron posible que ocurriera?
¿Qué falló en las instituciones?
¿Qué necesitan las personas sobrevivientes de violencia para reconstruir su vida?
¿Qué podemos hacer para que la justicia no llegue diez años después?
Recordar también es una forma de reconocer
Paola Buenrostro fue asesinada en 2016.
Diez años después, su nombre continúa apareciendo en conversaciones sobre justicia, derechos humanos y violencia contra las mujeres trans.
Pero quizá la manera más digna de recordarla no sea convertirla únicamente en un símbolo.
Es recordar que antes de ser un caso, Paola fue una persona.
Una mujer joven con amistades, sueños, afectos y proyectos.
Su historia también nos recuerda que la justicia no debería depender de cuánto tiempo una persona pueda resistir esperando.
Y que garantizar el derecho a una vida libre de violencia implica algo más que castigar después de que ocurre un crimen: implica construir condiciones sociales e institucionales en las que esa violencia pueda prevenirse, investigarse y atenderse con dignidad.
Porque ninguna persona debería tener que convertirse en un caso emblemático para que sus derechos sean reconocidos.
Conclusión
El caso de Paola Buenrostro nos obliga a mirar más allá de un asesinato ocurrido hace diez años.
Nos habla de transfeminicidio, pero también de discriminación, violencia institucional, duelo, victimización secundaria y reparación.
Nos muestra que la justicia no consiste únicamente en encontrar y sancionar a quien comete un delito. También implica que las instituciones reconozcan a las víctimas, respeten su identidad, investiguen adecuadamente y acompañen a quienes sobreviven.
La historia de Paola cambió leyes y abrió conversaciones que antes eran ignoradas. Pero su legado no debería medirse solamente por las reformas que surgieron después de su muerte.
También debería medirse por nuestra capacidad de construir una sociedad en la que ninguna mujer trans tenga que morir para que finalmente escuchemos lo que durante años se intentó decir.
Referencias actualizadas
- Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. Recomendación 02/2019 sobre el caso de Paola Buenrostro y Kenya Cuevas. Consultar la Recomendación 02/2019
- Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. Seguimiento a la Recomendación 02/2019. Consultar seguimiento de la Recomendación
- Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México. Acto de disculpa pública relacionado con la Recomendación 02/2019. Consultar información de la disculpa pública
- Imagenes de instagram de alantristeeee
- Congreso de la Ciudad de México. Dictamen sobre la tipificación del transfeminicidio en memoria de Paola Buenrostro. Consultar el dictamen legislativo
- Código Penal para el Distrito Federal. Artículo 148 Ter, relativo al transfeminicidio. Consultar el Código Penal vigente
- Suprema Corte de Justicia de la Nación. Información relacionada con reparación integral del daño y el caso Paola Buenrostro. Consultar información de la SCJN
- N+, 31 de agosto de 2026. Información sobre la detención del presunto responsable del transfeminicidio de Paola Buenrostro. (N+)
- El País, 1–2 de septiembre de 2026. Información sobre la detención, el contexto del caso y las exigencias de reclasificación. (El País)
- La Jornada, 2 de septiembre de 2026. Información sobre el aplazamiento de la discusión en la Suprema Corte. (La Jornada)
