La tendencia que promete convertirte en tu “mejor versión” y puede terminar haciendo que nunca te sientas suficiente
Esta semana, el nombre de Clavicular, influencer conocido por promover contenido relacionado con el looksmaxxing, volvió a aparecer en las noticias después de que se diera a conocer que enfrenta cargos criminales en Massachusetts relacionados con un presunto abuso sexual ocurrido en 2025. Peters niega las acusaciones y el caso todavía está en proceso legal.
Pero más allá del caso específico, la noticia volvió a poner sobre la mesa un fenómeno que lleva varios años creciendo en internet: el looksmaxxing, una subcultura digital centrada en maximizar la apariencia física, especialmente entre hombres jóvenes.
Y aquí aparece una pregunta que va mucho más allá de un influencer:
¿En qué momento querer vernos mejor deja de ser autocuidado y comienza a convertirse en una lucha constante contra nuestro propio cuerpo?
¿Qué es exactamente el looksmaxxing?
El término looksmaxxing se utiliza para describir distintas prácticas destinadas a mejorar la apariencia física. Algunas pueden parecer completamente convencionales: hacer ejercicio, cuidar la piel, cambiar el peinado, mejorar la alimentación o elegir determinada ropa.
El problema aparece cuando la idea de “mejorar” se convierte en una búsqueda cada vez más extrema de alcanzar un determinado estándar físico.
En comunidades relacionadas con esta tendencia pueden encontrarse rutinas obsesivas para modificar rasgos faciales, dietas restrictivas, procedimientos estéticos y prácticas potencialmente peligrosas como intentar modificar la estructura de la mandíbula mediante golpes.
La American Academy of Pediatrics ha señalado que este contenido está llegando cada vez más a adolescentes a través de videos cortos, comunidades en línea, publicaciones de antes y después y contenido que asigna valor social a determinadas características físicas.
Cuando el algoritmo también se convierte en espejo
Una de las características más complicadas de las redes sociales es que no solamente muestran imágenes: aprenden qué nos interesa y nos muestran más de eso.
Si una persona comienza a consumir contenido sobre mandíbula, simetría facial, musculatura, pérdida de grasa o procedimientos estéticos, puede terminar recibiendo constantemente publicaciones relacionadas con esos temas.
Y poco a poco puede aparecer una sensación difícil de identificar:
“Antes no me preocupaba por esto… ¿por qué ahora siento que necesito cambiarlo?”
La comparación deja de ser ocasional y comienza a convertirse en una actividad cotidiana.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que reunió 45 estudios y más de 33,000 adolescentes, encontró una asociación significativa entre una mayor participación en redes sociales y mayores preocupaciones relacionadas con la imagen corporal y síntomas vinculados con la alimentación.
Esto no significa que las redes sociales provoquen automáticamente un trastorno de la conducta alimentaria o un problema de imagen corporal. La relación es más compleja.
Pero sí muestra que el entorno digital puede formar parte del contexto en el que estas preocupaciones se desarrollan o se intensifican.
El problema no es querer verte bien
Cuidar nuestra apariencia no es, por sí mismo, algo negativo.
Querer sentirnos cómodxs con nuestra ropa, hacer ejercicio, cuidar nuestra piel o cambiar nuestro cabello puede formar parte de nuestra expresión personal y de nuestro autocuidado.
La señal de alerta aparece cuando nuestra apariencia comienza a determinar cuánto valemos.
Cuando revisar constantemente el espejo se vuelve necesario.
Cuando una fotografía puede arruinarnos el día.
Cuando dejamos de comer de determinadas maneras por miedo a perder una característica física.
Cuando evitamos salir porque sentimos que no nos vemos suficientemente bien.
O cuando cada pequeño “defecto” se convierte en un nuevo proyecto que tenemos que corregir.
En ese punto, quizá ya no estamos hablando solamente de estética.
“Si cambio esto, entonces voy a sentirme suficiente”
Una de las trampas más difíciles de la obsesión con la apariencia es que siempre puede existir algo más que cambiar.
Primero puede ser el peso.
Después la mandíbula.
Luego la piel.
Después el cabello.
Después la musculatura.
Después la ropa.
Y cuando finalmente conseguimos modificar aquello que nos preocupaba, aparece una nueva característica que necesita ser corregida.
El objetivo se mueve constantemente.
Por eso, una pregunta útil no siempre es:
“¿Cómo puedo verme mejor?”
A veces también necesitamos preguntarnos:
“¿Qué espero conseguir emocionalmente cuando cambie mi apariencia?”
Porque quizá estamos buscando seguridad, aceptación, pertenencia, atención, confianza o la sensación de finalmente ser suficientes.
Y ninguna modificación física puede garantizar por sí sola esas experiencias.
¿Qué podemos hacer frente a este tipo de contenido?
No se trata necesariamente de eliminar todas las cuentas relacionadas con belleza, ejercicio o estética.
Se trata de observar qué efecto tienen sobre nosotrxs.
Podemos preguntarnos:
- ¿Después de ver este contenido me siento motivadx o insuficiente?
- ¿Estoy cuidando mi cuerpo o intentando castigarlo hasta que cumpla un estándar?
- ¿Cuánto tiempo paso revisando mi apariencia?
- ¿Estoy comparando mi cuerpo con personas que probablemente también están seleccionando, editando o modificando lo que muestran?
- ¿Mi alimentación o ejercicio están relacionados con bienestar o principalmente con miedo a verme “mal”?
- ¿Siento que mi valor depende de cómo me veo?
También puede ser útil diversificar nuestro contenido: seguir cuentas que no estén centradas exclusivamente en apariencia, dejar de consumir publicaciones que generan comparación constante y recordar que una fotografía en redes sociales nunca representa la totalidad de una persona.
La conversación que deberíamos tener
El caso de Clavicular vuelve a colocar al looksmaxxing en el centro de la conversación digital, pero quizá la discusión más importante no sea solamente sobre una persona o una tendencia.
Es sobre lo fácil que puede ser pasar de “quiero sentirme bien con mi cuerpo” a “necesito cambiar mi cuerpo para sentir que valgo”.
Y esa diferencia puede parecer pequeña desde fuera, pero emocionalmente es enorme.
Porque cuidar nuestra apariencia puede ser una elección.
Sentir que necesitamos transformarnos para merecer aceptación es otra historia.
Y cuando la relación con nuestro cuerpo comienza a generar angustia, aislamiento, conductas extremas o una preocupación que ocupa cada vez más espacio en nuestra vida, no es necesario esperar a que llegue a un punto crítico para pedir ayuda profesional.
Referencias
American Academy of Pediatrics. (2026). From Mewing to Peptides: Looksmaxxing as an Emerging Concern in Pediatrics. Pediatrics.
CBS News. (2026). Clavicular, looksmaxxing influencer, faces rape charge in Massachusetts.
[Revisión sistemática y metaanálisis sobre redes sociales e imagen corporal en adolescentes]. (2026).
Imagenes de google,
