Cuándo buscar atención médica termina generando vergüenza
Recientemente comenzó a circular en redes sociales el relato de una mujer que acudió a recibir atención médica y necesitaba un estudio que requería un equipo con determinadas dimensiones. De acuerdo con el relato compartido en el video, al no poder realizar el estudio con el equipo disponible debido al tamaño de su cuerpo, se le habría propuesto acudir a un zoológico para realizarlo.
Más allá de los detalles particulares de esta historia, la situación abrió una conversación importante: ¿qué sucede cuando una persona busca cuidar su salud y termina sintiéndose avergonzada por su cuerpo?
Una limitación técnica de un equipo médico puede ser una realidad. Los equipos de diagnóstico tienen límites de peso, diámetro y configuración, y existen situaciones en las que una persona necesita ser remitida a otro centro que cuente con el equipo adecuado.
Pero una cosa es hablar de una limitación de infraestructura y otra muy distinta es convertir esa situación en una experiencia de humillación.
Y ahí es donde entra la salud mental.
El cuerpo no debería convertirse en el problema que impide ver a la persona
Cuando hablamos de peso, muchas veces la conversación comienza y termina en un número.
El peso se convierte en una explicación para todo: el cansancio, el dolor, la alimentación, la apariencia, la salud e incluso la personalidad.
Esto puede producir una forma de estigma conocida como estigma por peso: prejuicios, estereotipos o experiencias de discriminación dirigidas hacia una persona debido a su peso o tamaño corporal.
El estigma puede presentarse en la familia, las relaciones de pareja, las redes sociales, el trabajo y también en los servicios de salud.
De hecho, la literatura científica ha documentado que el estigma por peso dentro de la atención médica puede afectar la comunicación entre profesionales y pacientes, la calidad percibida de la atención y la disposición de algunas personas a buscar atención. (PubMed)
Por eso es importante distinguir entre hablar de salud y hablar desde el prejuicio.
Una persona puede necesitar atención relacionada con su peso sin que eso justifique recibir un trato despectivo.
“Es por tu salud” no significa que la vergüenza sea una herramienta de salud
Existe una idea muy extendida: si una persona se siente suficientemente avergonzada de su cuerpo, tendrá mayor motivación para cambiarlo.
Pero la evidencia no respalda la idea de que el estigma sea una herramienta saludable de motivación.
Por el contrario, diferentes investigaciones han relacionado el estigma por peso con consecuencias psicológicas y conductuales negativas, incluyendo mayor insatisfacción corporal, ansiedad, depresión, menor autoestima y alteraciones en la conducta alimentaria. (PubMed)
Esto plantea una pregunta importante:
¿Realmente estamos ayudando a una persona cuando hacemos que se sienta mal consigo misma para que cambie?
La respuesta no tiene por qué ser “sí” solamente porque la intención aparente sea promover la salud.
El cuidado de la salud puede incluir conversaciones difíciles, recomendaciones médicas y cambios de hábitos. Pero ninguna de esas cosas necesita comenzar con la humillación.
Cuando la mirada externa se convierte en nuestra propia mirada
Una de las partes más complejas del estigma ocurre cuando dejamos de necesitar que alguien más nos critique porque comenzamos a hacerlo nosotres mismes.
Después de escuchar durante años que nuestro cuerpo es demasiado grande, demasiado pequeño, demasiado diferente o insuficiente, podemos comenzar a interiorizar esas ideas.
Entonces aparece una voz interna que dice:
“No debería verme así.”
“Nadie va a quererme con este cuerpo.”
“Primero tengo que bajar de peso y después puedo sentirme bien.”
“No debería comer esto.”
Ese proceso puede convertirse en estigma internalizado, cuando los prejuicios sociales sobre el peso comienzan a dirigirse hacia nosotres mismes.
La investigación ha encontrado que este estigma internalizado puede participar en la relación entre las experiencias de discriminación y diferentes consecuencias psicológicas y conductuales, incluyendo vergüenza corporal, insatisfacción corporal y conductas alimentarias problemáticas. (PubMed)
Y aquí aparece algo importante: el problema no siempre termina cuando dejamos de escuchar el comentario externo.
A veces el comentario se queda viviendo dentro de nuestra cabeza.
¿Qué tiene que ver esto con la relación con la comida?
Mucho, aunque debemos evitar una conclusión simplista.
Tener un cuerpo grande no significa tener un trastorno de la conducta alimentaria.
Del mismo modo, tener un cuerpo delgado no significa necesariamente tener una relación saludable con la comida.
La relación con la alimentación es mucho más compleja.
Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó 242 artículos y encontró una relación consistente entre una mayor exposición al estigma por peso y diferentes cogniciones y conductas alimentarias problemáticas, como insatisfacción corporal, restricción alimentaria y atracones. (PubMed)
Esto es importante porque una persona que vive constantemente bajo la presión de “corregir” su cuerpo puede terminar entrando en ciclos de:
restricción → culpa → ansiedad → alimentación emocional o pérdida de control → culpa nuevamente → mayor restricción.
No todas las personas experimentan este ciclo, pero el estigma puede convertirse en un factor que complique la relación con la alimentación.
Por eso, trabajar la salud no debería reducirse a decirle a alguien qué alimentos puede o no puede comer.
También necesitamos preguntarnos:
¿Cómo se siente esa persona cuando come?
¿Qué relación tiene con su cuerpo?
¿Come desde el hambre, desde el placer, desde la ansiedad, desde la culpa o desde el miedo?
El miedo a volver al consultorio
Hay otra consecuencia que pocas veces se menciona.
¿Qué pasa cuando una persona ha tenido una experiencia médica en la que se sintió juzgada?
Puede comenzar a evitar volver.
“Me van a pesar.”
“Me van a decir que todo es por mi peso.”
“Me van a mirar.”
“Me van a decir que primero tengo que adelgazar.”
La anticipación de una experiencia negativa puede convertirse en una barrera para buscar atención.
Investigaciones sobre el tema han encontrado asociaciones entre experiencias de estigma en contextos de atención médica y la evitación o retraso de la atención sanitaria. (PubMed)
Y aquí encontramos una contradicción importante:
El estigma no necesariamente impulsa a las personas a cuidar más su salud. En algunos casos, puede alejarlas de los servicios de salud.
Por eso combatir el estigma también es una forma de mejorar el acceso y la calidad de la atención.

La salud no debería depender de que primero aprendamos a odiar nuestro cuerpo
Es posible querer cambiar algunos aspectos de nuestra salud sin odiar nuestro cuerpo.
Podemos querer mejorar nuestra alimentación sin sentir culpa por comer.
Podemos querer hacer actividad física sin utilizar el ejercicio como castigo.
Podemos querer perder peso por una razón personal o médica sin creer que nuestro valor depende de conseguirlo.
Y también podemos decidir que nuestra prioridad no es perder peso, sino mejorar nuestra relación con nuestro cuerpo, nuestra alimentación, nuestro sueño, nuestro movimiento o nuestro bienestar emocional.
Cuidar la salud y rechazar el estigma pueden coexistir.
¿Qué podemos hacer cuando nuestra relación con el cuerpo se ha vuelto difícil?
1. Observa cómo te hablas
Presta atención a las palabras que utilizas cuando hablas de tu cuerpo.
No es lo mismo decir:
“Mi cuerpo está mal.”
que decir:
“Hay aspectos de mi salud que quiero atender.”
La segunda frase permite reconocer una necesidad sin convertirla en un juicio sobre nuestro valor.
2. Cuestiona las reglas que has aprendido sobre tu cuerpo
Pregúntate:
¿Quién me enseñó que mi cuerpo debía verse de determinada manera para ser válido?
A veces creemos que nuestras exigencias corporales son completamente personales, cuando en realidad están atravesadas por mensajes familiares, sociales, culturales y de género.
3. Evita utilizar la comida como castigo
Comer no debería convertirse en una prueba moral.
Un alimento no determina si eres una persona “buena” o “mala”.
Si la culpa, la restricción, los atracones o la ansiedad alrededor de la comida están interfiriendo con tu vida, puede ser importante buscar acompañamiento profesional.
4. Busca atención médica donde puedas sentirte escuchade
Si una experiencia médica te hizo sentir vergüenza, eso no significa que debas dejar de atender tu salud.
Puedes buscar profesionales que trabajen desde un trato respetuoso y que puedan hablar contigo de tu salud sin reducir toda tu experiencia a tu peso.
5. No tienes que esperar a cambiar tu cuerpo para comenzar a cuidarte
El autocuidado no debería ser un premio que recibimos después de alcanzar determinado peso.
Puedes cuidar tu salud hoy.
Puedes pedir ayuda hoy.
Puedes atender tu salud mental hoy.
Puedes aprender a relacionarte de otra manera con tu cuerpo hoy.
Una atención médica digna también es parte de la salud
La historia que circula en redes nos deja una pregunta que va mucho más allá del caso particular:
¿Qué tan diferente sería nuestra relación con la salud si dejáramos de utilizar la vergüenza como una supuesta herramienta de cambio?
Las personas no llegan a una consulta médica solamente como un peso, una talla o un resultado de laboratorio.
Llegan con una historia.
Con experiencias.
Con miedos.
Con inseguridades.
Con condiciones de salud.
Con contextos familiares, económicos, sociales y culturales.
Y también con un cuerpo que merece ser tratado con dignidad.
Una limitación técnica puede requerir una solución médica. Una recomendación de salud puede implicar cambios. Un tratamiento puede ser difícil.
Pero ninguna de esas cosas necesita convertir la vergüenza en parte del tratamiento.
Cuidar la salud no debería comenzar con aprender a odiarnos.
Puede comenzar con algo mucho más sencillo:
reconocer que merecemos atención, respeto y cuidado mientras habitamos el cuerpo que tenemos hoy.
Para reflexionar
Si alguna vez has pensado:
“Cuando cambie mi cuerpo, entonces voy a empezar a quererme”, intenta cambiar la pregunta:
“¿Qué puedo hacer hoy para cuidar de mí sin tener que odiarme primero?”
Porque tu salud merece atención ahora.
No después de alcanzar una talla.
No después de bajar determinado número de kilos.
No después de convertirte en otra persona.
Referencias
Bidstrup, H., et al. (2022). Internalised weight stigma as a mediator of the relationship between experienced/perceived weight stigma and biopsychosocial outcomes: A systematic review. International Journal of Obesity, 46, 1–17. Consultar artículo en PubMed
Levinson, C. A., Kinkel-Ram, S., Myers, B., & Hunger, J. M. (2024). A systematic review of weight stigma and disordered eating cognitions and behaviors. Body Image, 48, 101678. Consultar artículo en PubMed
Puhl, R. M. (2023). Weight stigma and barriers to effective obesity care. Gastroenterology Clinics of North America, 52(2), 417–428. Consultar artículo en PubMed
Robinson, K. M., et al. (2025). Association between weight stigma experiences in healthcare and self-reported healthcare avoidance in a national sample. Obesity Science & Practice, 11(5), e70095. Consultar artículo en PubMed
Vartanian, L. R., & Porter, A. M. (2016). Weight stigma and eating behavior: A review of the literature. Appetite, 102, 3–14. Consultar artículo en PubMed
Wang, C., et al. (2025). Assessing weight stigma interventions: A systematic review of randomized controlled trials. Current Obesity Reports, 14(1), 35. Consultar artículo en PubMed
Imagenes de Google
