Nos gusta hablar de salud mental, pero ¿sabemos convivir con ella?
En los últimos años, hablar de salud mental se ha vuelto mucho más común.
Decimos que ir a terapia no debería dar vergüenza. Compartimos publicaciones sobre ansiedad, depresión, límites y autocuidado. Aprendimos a preguntar “¿cómo estás realmente?” y a decir que pedir ayuda no es una señal de debilidad.
Y eso representa un cambio importante.
Pero existe una pregunta incómoda:
¿Qué pasa cuando la salud mental deja de verse como una conversación bonita y aparece frente a nosotrxs de una manera que no entendemos?
Porque una cosa es compartir una publicación que dice “sé empáticx con quien está pasando por un momento difícil” y otra muy diferente es encontrarnos con una persona cuyo comportamiento nos desconcierta, nos incomoda o rompe con lo que consideramos “normal”.
Ahí es donde nuestra empatía puede ponerse realmente a prueba.
Un ejemplo reciente ocurrió alrededor de la participación de Gala Montes en La Casa de los Famosos México. Después de su ingreso al reality el 6 de septiembre de 2026, diferentes fragmentos de su comportamiento comenzaron a circular ampliamente en redes y aparecieron especulaciones sobre su estado mental. Algunas personas llegaron a utilizar expresiones como “brote psicótico”, aun cuando observar videos o fragmentos de un programa no permite establecer un diagnóstico clínico.
Posteriormente, la producción informó que Gala había salido voluntariamente del programa. Días después, ella ofreció una explicación diferente sobre lo ocurrido y negó algunas de las versiones que habían circulado.
Más allá de cuál versión sea correcta o de lo que realmente haya ocurrido dentro del programa, el episodio abrió una conversación que va mucho más allá de un reality show:
¿Por qué decimos que queremos dejar de estigmatizar la salud mental, pero cuando vemos una conducta que no comprendemos nuestra primera reacción puede ser juzgar, etiquetar o burlarnos?
La salud mental no siempre se ve como esperamos
Una de las dificultades para hablar de salud mental es que todavía existe una idea muy limitada de cómo debería verse una persona que está pasando por un momento difícil.
Nos resulta relativamente sencillo sentir empatía cuando alguien dice:
“Estoy pasando por ansiedad y comencé terapia.”
Pero la respuesta puede cambiar cuando esa persona tiene una reacción que consideramos exagerada, habla de una manera que no comprendemos, se comporta de forma impredecible o atraviesa una crisis que se vuelve visible para otras personas.
Entonces aparecen comentarios como:
“No debería estar ahí.”
“No puede comportarse así.”
“Es irresponsable.”
“Está loca.”
“Seguro tiene un brote.”
“Algo consume.”
“Solo quiere llamar la atención.”
El problema no está en reconocer que una conducta puede resultar preocupante o incluso problemática.
El problema aparece cuando convertimos una conducta en una identidad y después esa identidad en un diagnóstico.
La Organización Mundial de la Salud señala que las personas que viven con problemas de salud mental pueden experimentar estigmatización y discriminación. El estigma no solamente consiste en insultar a alguien: también puede aparecer mediante prejuicios, estereotipos, exclusión o la idea de que una persona deja de ser capaz, responsable o digna de confianza por atravesar una condición de salud mental.
Y eso nos lleva a una diferencia fundamental:
Podemos cuestionar una conducta sin deshumanizar a quien la presenta.
Preocuparse no es lo mismo que diagnosticar
Cuando vemos a alguien aparentemente desreguladx o atravesando una situación difícil, es completamente válido sentir preocupación.
Podemos pensar:
“Algo parece estar pasando. Ojalá tenga apoyo.”
Lo que no podemos hacer, especialmente desde unos cuantos videos, fotografías o fragmentos de televisión, es convertir esa observación en un diagnóstico.
Un diagnóstico psicológico o psiquiátrico requiere una evaluación profesional y contexto. Un comportamiento extraño puede tener muchas explicaciones y no necesariamente significa que exista un trastorno mental.
Esto es particularmente importante en redes sociales, donde la información aparece fragmentada y fuera de contexto.
Un estudio publicado en 2025 sobre jóvenes que buscaban atención por problemas de ansiedad y estado de ánimo encontró una asociación entre el consumo frecuente de contenido sobre salud mental en redes y la tendencia a atribuirse diagnósticos que no habían sido realizados por profesionales.
Si ya tenemos la costumbre de diagnosticarnos a nosotrxs mismxs a partir de videos de 30 segundos, no resulta extraño que también intentemos diagnosticar a otras personas.
Y aquí aparece una pregunta importante:
¿En qué momento aprender sobre salud mental se convirtió en sentir que podemos diagnosticar a cualquier persona que vemos en internet?
La doble moral de la empatía
Tal vez una de las partes más incómodas de esta conversación sea reconocer que nuestra sociedad ha aprendido a hablar mucho más de salud mental, pero eso no significa necesariamente que haya desaparecido el estigma.
El estigma puede aparecer mediante actitudes, creencias y estereotipos negativos relacionados con las condiciones de salud mental. También puede provocar que las personas retrasen o eviten buscar atención por miedo al juicio o la discriminación.
Esto significa que podemos tener un discurso aparentemente muy consciente y, al mismo tiempo, mantener prejuicios.
Podemos publicar:
“La salud mental importa.”
Y unos minutos después escribir:
“Una persona así no debería estar en televisión.”
Podemos compartir:
“No sabes lo que alguien está viviendo.”
Y después utilizar un video de esa misma persona para especular sobre su diagnóstico.
Podemos decir:
“Hay que dejar de juzgar.”
Y juzgar a alguien precisamente porque no está reaccionando como esperamos.
Esta contradicción no significa que toda persona que hizo un comentario sobre Gala haya actuado con mala intención. Algunas personas pudieron expresar preocupación genuina por lo que estaban observando.
Pero la preocupación también necesita límites.
Porque preocuparse por alguien no nos da permiso para inventar información sobre su salud mental, atribuirle diagnósticos, ridiculizar sus conductas o decidir públicamente qué debería hacer con su vida.
Queremos una salud mental que sea cómoda
Quizá parte del problema es que hemos aprendido a aceptar la salud mental mientras esta se presenta de una manera que podemos comprender fácilmente.
Aceptamos más fácilmente:
“Estoy triste.”
“Estoy yendo a terapia.”
“Estoy aprendiendo a poner límites.”
“Estoy trabajando en mi ansiedad.”
Pero cuando aparece una crisis, una desregulación emocional o una conducta que nos resulta extraña, la conversación puede cambiar rápidamente de la empatía al juicio.
Y esto es importante porque las personas no solamente necesitan apoyo cuando pueden explicar perfectamente lo que les ocurre.
Una persona que atraviesa una situación difícil puede no saber cómo expresarla.
Puede no comportarse de la manera que esperamos.
Puede tomar decisiones que no comprendemos.
Puede necesitar ayuda sin saber pedirla.
Y nada de eso significa que tengamos que aceptar cualquier conducta sin cuestionarla. Significa que podemos mantener dos ideas al mismo tiempo:
Una conducta puede necesitar límites y una persona puede seguir mereciendo dignidad.
También existe una diferencia entre acompañar y salvar
Hablar de empatía tampoco significa que tengamos que convertirnos en responsables de la salud mental de otras personas.
No nos corresponde diagnosticar, tratar ni “rescatar” a alguien que no conocemos.
En muchas situaciones, la respuesta más responsable puede ser mucho más sencilla:
No especular.
No alimentar rumores.
No convertir una crisis en entretenimiento.
No utilizar términos clínicos como insultos.
No compartir contenido que exponga innecesariamente a una persona.
Y, cuando realmente existe una situación de riesgo, procurar que intervengan las personas y profesionales que sí pueden brindar apoyo.
La empatía no siempre consiste en saber exactamente qué decir.
A veces consiste en reconocer:
“No sé qué está pasando, pero tampoco necesito inventar una explicación.”
¿Cómo podemos practicar una empatía más real?
Si queremos que hablar de salud mental sea algo más que una tendencia, podemos empezar por revisar nuestra propia reacción cuando algo nos incomoda.
1. Antes de diagnosticar, detente
Pregúntate:
¿Estoy describiendo lo que veo o estoy interpretándolo?
“Está hablando muy rápido” es una observación.
“Está teniendo un episodio maníaco” es una interpretación clínica que no podemos establecer únicamente por observarla.
2. No conviertas una conducta en una identidad
Una persona puede tener una conducta inapropiada sin que esa conducta defina todo lo que es.
Una acción no equivale a una persona completa.
3. Cambia el morbo por contexto
Antes de compartir un video de alguien atravesando una situación vulnerable, pregúntate:
¿Lo comparto porque puede aportar algo o porque me resulta impactante?
Que algo sea viral no significa que necesite convertirse en contenido.
4. Aprende a tolerar no tener una explicación
No todo comportamiento necesita una etiqueta inmediata.
A veces simplemente podemos decir:
“No sé qué está pasando.”
Y eso también es una respuesta válida.
5. Recuerda que empatía no significa ausencia de límites
Ser empáticx no significa justificar cualquier comportamiento.
Podemos establecer límites, señalar una conducta problemática o considerar que una situación no es adecuada sin utilizar la salud mental como argumento para descalificar a una persona.
Quizá la verdadera prueba de nuestra empatía sea cuando dejamos de sentirnos cómodxs
La conversación alrededor de Gala Montes puede quedarse en quién dijo qué, por qué salió del programa o qué ocurrió durante esos dos días.
Pero también puede servirnos para mirar algo más grande.
Durante años hemos pedido que la salud mental deje de ser un tema del que nadie habla.
Y, en muchos sentidos, hemos avanzado.
Pero hablar de salud mental no significa automáticamente haber dejado atrás el estigma.
La verdadera transformación también implica aprender a relacionarnos con aquello que no entendemos, que nos incomoda o que no encaja con nuestra idea de cómo debería verse una persona que atraviesa un problema.
Porque quizá la pregunta no sea solamente:
“¿Somos una generación que habla más de salud mental?”
Sino:
“¿Somos capaces de mantener la empatía cuando la salud mental deja de verse bonita, ordenada y fácil de compartir?”
La respuesta probablemente no depende de cuánto contenido compartimos sobre terapia.
Depende de cómo reaccionamos cuando tenemos frente a nosotrxs a una persona que está pasando por algo que no comprendemos.
Porque la empatía que solamente existe cuando todo resulta cómodo no es suficiente.
Referencias
Organización Mundial de la Salud. Salud mental.
https://www.who.int/es/health-topics/mental-health
Centers for Disease Control and Prevention. Estigma por la salud mental.
https://www.cdc.gov/mental-health/es/stigma/estigma-por-la-salud-mental.html
American Psychological Association. Addressing mental health stigma in clinical psychology.
https://www.apa.org/education-career/training/essential-science-conversations-stigma-clinical-psychology
PubMed. Self-diagnosis in the age of social media: A pilot study of youth entering mental health treatment for mood and anxiety disorders.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40253960/
El Financiero. Gala Montes explica por qué salió de La Casa de los Famosos México.
https://www.elfinanciero.com.mx/entretenimiento/2026/09/10/gala-montes-revela-por-que-salio-de-la-casa-de-los-famosos-mexico-2026/
Publimetro México. ¿Gala Montes está en brote psicótico? Qué significa y qué se sabe tras su regreso a La Casa de los Famosos.
https://www.publimetro.com.mx/entretenimiento/2026/09/08/gala-montes-esta-en-brote-psicotico-que-significa-y-que-se-sabe-tras-su-regreso-a-la-casa-de-los-famosos/
Imagen Google.
