¿Somos auténticos en redes sociales?
En los últimos días, la influencer española RoRo ha vuelto a convertirse en tema de conversación en redes sociales. Además de las críticas que ha recibido anteriormente por el tipo de contenido que comparte, recientemente surgieron comparaciones y debates entre usuarios que consideran que parte de su estilo, estética o forma de comunicarse es similar al de otras creadoras de contenido.
Más allá de determinar si estas afirmaciones son verdaderas o no, la conversación abre una oportunidad para analizar un fenómeno cada vez más frecuente: la construcción de la identidad en redes sociales y la expectativa de autenticidad que depositamos en quienes generan contenido.
¿Realmente conocemos a las personas que seguimos? ¿O conocemos únicamente la versión que deciden compartir?
La identidad digital: todos mostramos una versión de nosotros mismxs
Las redes sociales funcionan como un escaparate donde cada persona decide qué mostrar, cómo hacerlo y qué aspectos de su vida mantener en privado.
Esto no significa necesariamente que alguien esté mintiendo. Significa que, al igual que elegimos cómo vestirnos para una entrevista de trabajo o cómo comportarnos en un evento importante, en internet también seleccionamos qué parte de nuestra identidad queremos presentar.
En psicología, esta idea puede entenderse como una forma de gestión de la identidad: las personas adaptamos nuestra manera de presentarnos dependiendo del contexto en el que nos encontramos.
El problema aparece cuando olvidamos que una cuenta de TikTok, Instagram o YouTube no representa la totalidad de una persona.
¿Por qué molesta pensar que alguien “finge”?
Cuando una persona creadora de contenido construye una comunidad, muchas personas desarrollan una sensación de cercanía.
A este fenómeno se le conoce como relación parasocial: una conexión emocional unilateral donde sentimos que conocemos profundamente a alguien, aunque esa persona no nos conozca.
Por eso, cuando un influencer cambia su estilo, modifica su personalidad pública o surgen rumores sobre la autenticidad de su contenido, algunas personas experimentan emociones similares a la decepción o incluso la traición.
Sin embargo, estas reacciones hablan tanto de nuestras expectativas como de la persona que está frente a la cámara.
La presión de mantener un personaje
Las redes sociales premian la consistencia.
Cuando un determinado estilo comienza a generar millones de reproducciones, colaboraciones y reconocimiento, también aparece una presión constante por seguir siendo exactamente esa versión de sí mismo.
Mantener una imagen pública durante meses o años puede convertirse en una fuente importante de estrés, ansiedad e incluso agotamiento emocional.
Diversas investigaciones han señalado que la exposición constante al escrutinio público y la necesidad de sostener una imagen específica pueden afectar el bienestar psicológico de quienes crean contenido.

El riesgo de olvidar que las redes son una representación
Uno de los mayores riesgos del consumo digital es asumir que lo que vemos representa la realidad completa.
Las personas solemos comparar nuestra vida cotidiana con los mejores momentos cuidadosamente editados de otras personas.
Cuando olvidamos que las redes muestran únicamente fragmentos de la realidad, aumentan sentimientos como:
- Insatisfacción personal.
- Comparación constante.
- Baja autoestima.
- Sensación de no ser suficientes.
- Necesidad de construir una imagen “perfecta”.
Esto puede afectar tanto a quienes consumen contenido como a quienes lo producen.
¿Qué podemos hacer para cuidar nuestra salud mental?
- Recordar que una cuenta en redes sociales no refleja toda la personalidad de alguien.
- Cuestionar la necesidad de que las personas sean completamente transparentes las 24 horas del día.
- Evitar sacar conclusiones basadas únicamente en videos cortos o publicaciones aisladas.
- Consumir contenido desde una mirada crítica y consciente.
- Reflexionar sobre cómo nos hace sentir el contenido que seguimos y dejar de seguir cuentas que favorezcan comparaciones constantes o afecten nuestro bienestar.
Conclusión
El debate alrededor de RoRo probablemente continuará durante algún tiempo. Sin embargo, más allá de determinar quién tiene razón, este caso nos recuerda algo importante: las redes sociales son espacios donde la identidad también se construye.
Quizá la pregunta más valiosa no sea si una persona es completamente auténtica en internet, sino por qué esperamos conocer realmente a alguien a través de videos de apenas unos segundos.
Desarrollar una mirada crítica hacia el contenido digital nos ayuda a construir una relación más saludable con las redes sociales y con nosotros mismos. Comprender que todas las personas mostramos diferentes versiones de nuestra identidad, dependiendo del contexto, también puede fomentar relaciones más empáticas y expectativas más realistas sobre quienes seguimos en internet.
Referencias
American Psychological Association. (2023). Health advisory on social media use in adolescence.
Goffman, E. (1959). The Presentation of Self in Everyday Life. Doubleday.
Horton, D., & Wohl, R. R. (1956). Mass communication and para-social interaction: Observations on intimacy at a distance. Psychiatry, 19(3), 215–229.
Vogel, E. A., Rose, J. P., Roberts, L. R., & Eckles, K. (2014). Social comparison, social media, and self-esteem. Psychology of Popular Media Culture, 3(4), 206–222.
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